La Fundación Erna y Victor Hasselblad por Anarela Vargas, Milenio diario, 22/12/07 Graciela Iturbide, una de las fotógrafas mexicanas más importantes actualmente, exhibe su trabajo de manera individual en el Centro de la Imagen. Ojos para volar reúne 50 imágenes representativas de su obra a lo largo de 30 años de trayectoria fotográfica.Las imágenes de Graciela Iturbide se reciben en silencio. Su mirada calma nos revela un profundo acercamiento a sí misma y a los otros. Sus fotografías nos conmueven porque son honestas, melancólicas y silenciosas. Una cosa tiene en claro Graciela Iturbide: “En el mundo hay fotógrafos que roban las imágenes, sin jamás establecer un contacto. Hay que dar para recibir. No se puede andar por ahí tomando imágenes sin retribuirlas de alguna manera”. Declara en entrevista con Claudi Carreras, publicada recientemente en el libro Conversaciones con fotógrafos mexicanos. Iturbide no sólo retribuye a cambio, sino que su mirada capta en los otros espejeos de sí misma. Sus fotografías no son fáciles, no tienen la distancia que requiere la posición privilegiada del observador sobre el observado. No son representativas del turismo antropológico que siempre ha corrido peligro de instrumentar la fotografía documental. Su fotografía, de hecho, no es documental. Hay demasiada transfiguración poética de su vivencia como para delimitarla al documento. Su fotografía es cercana, es íntima, trata con complicidades, con empatías, contigüidades con encuentros ominosos. Su cámara se convierte en un instrumento de aproximación casi táctil. Si sus fotografías nos conmueven es porque la fotógrafa misma se ha dejado tocar por esos acercamientos a la extranjería. Pienso en la sentencia de Julia Kristeva: somos extranjeros para nosotros mismos. A partir de ese desconocimiento de lo propio, Graciela Iturbide descombra su propia subjetividad para llevar a cabo un doloroso aprendizaje. Rituales de una cultura que nos es tan propia como ajena y de culturas lejanas en las que reconocemos cierta cercanía, develan las resonancias universales de su trabajo. Pero también, y quizá más importante, develan una red de relaciones personales entre ella y ellos; entre ambos y nosotros.La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide recibió premio Hasselblad de Fotogafria 2008
Ceremonia entrega del premios, sábado 25 de octubre 14,30 horas.
La entrega formal del Premio Hasselblad a Graciela Iturbide tuvo lugar en el Teatro de la Ciudad de Gotemburgo, Götaplatsen. El Premio fue entregado por H.K.H. Príncipe Carl Philip y Director General de la Provincia Göran Bengtsson, presidente de la Fundación Hasselblad.
Anfitrión: Abogado Myhrman Bo, director ejecutivo de la FundaciónGraciela Iturbide
La fotógrafa documentalista mexicana fue distinguida con el prestigioso Premio Internacional de Fotografía de la Fundación sueca Hasselblad.
La fotógrafa documentalista mexicana Graciela Iturbide fue distinguida con el prestigioso Premio Internacional de Fotografía de la Fundación sueca Hasselblad. Iturbide es una de las fotógrafas latinoamericanas "de mayor importancia e influencia de las últimas cuatro décadas", y sus obras destacan por su "excepcional fuerza y belleza visual", así como por su "profundo interés" por la cultura y la vida cotidiana, sobre todo de México, señaló la Fundación en un comunicado.
La Fundación indicó también que la artista ha conseguido llevar el concepto de fotografía documental "un paso más allá", haciendo visible "la relación entre el hombre y la naturaleza, el individuo y la cultura, lo real y lo psicológico".Encuentros de Graciela Iturbide
“Captar a la gente a través de la cámara era una manera de establecer una complicidad con ellos, una forma de llegar a conocer su cultura, sus leyendas, sus costumbres. Al penetrar en otra cultura a través de la fotografía, comencé también a descubrirme a mí misma. He trabajado como fotógrafa en muchos lugares del mundo y siempre encuentro que mi oficio no tan sólo me permite ahondar en el ser humano, sino que también me ha ayudado a ampliar mi comprensión sobre la vida y sobre muchos aspectos de mí misma”. Sus viajes la han llevado a vivir entre mujeres juchitecas, al desierto de Sonora con los indios seris, a la India, Mozambique, Centroamérica, Estados Unidos. Su trabajo la ha convertido en una incansable viajera que recorre no sólo extensiones espaciales sino aspectos profundos de la interioridad de las personas. Se aloja entre las comunidades para descubrir las prácticas cotidianas de la vida tanto como las prácticas rituales de la muerte. Tanto las ceremonias como el paisaje; lo comunal en su negociación con lo individual; los cuerpos, las prácticas sexuales, los imaginarios culturales, las festividades. Apunta Iturbide: “Lo que me interesa lograr con la fotografía es evidenciar la dignidad del ser humano en cualquier circunstancia. Nunca me ha interesado, por ejemplo, fotografiar la pobreza por la pobreza misma. Lo que sí me importa, y mucho, es fotografiar a los seres humanos a partir de una visión poética. Probablemente es la poesía del ser humano, de la vida, del mundo, de los paisajes, de los objetos, lo que más me interesa”.Una de las fotografías que se expone por primera vez en México es Muerte en el cementerio, 1978. Con ella finaliza una larga obsesión que la fotógrafa entabló con la muerte. Durante una visita a un cementerio de Hidalgo seguía el cortejo fúnebre de una pequeñita para fotografiarlo, cuando los corredores del cementerio le descubrieron la figura de un hombre tendido en el piso. Su cuerpo, picoteado salvajemente por los pájaros dejaba asomar todo el cráneo, mientras el cuerpo conservaba todavía la vestimenta y el calzado. ¿Existe mayor acercamiento a lo otro que aquel de la muerte saliendo al paso en su registro más crudo que es la figura del cadáver? Este negativo fue impreso muchos años después de haber sido tomado. El golpe de realidad que nos asesta coincide con el luto que tuvo que guardar ese negativo archivado. ¿Cómo retribuirle algo a cambio sino decidiendo por la vida?


